A veces, entre el ruido del mundo y la prisa de los días, olvidamos que lo
más valioso no se encuentra afuera, sino en ese espacio silencioso que late
dentro. Este texto no es una guía ni una técnica, sino una invitación. Una
pausa. Una forma de recordar, con palabras suaves, aquello que en ti nunca dejó
de brillar. Aquí comienza el regreso… hacia ti.
Cierra los ojos del mundo… y abre los de tu alma.
Allí, en el murmullo que susurra cuando toda calla,
te espera ese “tú”, antiguo… intacto, luminoso,
como una vela encendida en medio del viento,
nunca extinguida, solo olvidada un momento.
Imagina sentir el silencio abrazarte desde
dentro,
como si cada palabra que lees acariciara tu pecho,
despertando memorias que duermen bajo tu piel,
como si alguien muy sabio, muy tierno… te susurrara:
ya estás a salvo, puedes soltar, puedes volver.
Y mientras respiras, algo en ti empieza a
recordar
ese espacio donde la mente se arrodilla ante la calma,
donde cada latido es una brújula que te guía sin mapas.
Nada tienes que hacer… solo rendirte a este instante.
Porque la puerta ya está abierta.
Y tú, que leías, sin saberlo…
ya estás adentro.

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