Imagina que caminas por un
sendero tranquilo.
Al inicio, todo parece conocido:
las mismas piedras, las mismas huellas, las mismas ramas que rozan tu hombro.
Sin embargo, a cada paso,
descubres que hay un movimiento invisible que te guía hacia adelante, como si
dentro de ti alguien supiera el camino incluso antes de darlo.
Ese alguien eres tú.
Ese saber oculto ha estado
siempre en tu interior, esperando el momento de revelarse.
Las palabras que encontrarás
aquí son como llaves dejadas en distintos rincones del sendero.
Cada una abre una puerta
distinta: una puerta hacia tu fuerza, otra hacia tu calma, otra hacia tu
claridad.
Algunas son puertas que ya
conoces, otras te sorprenderán.
Solo leer, dejar que las palabras
resuenen y que tu mente —como tierra fértil— reciba la semilla.
Porque así funcionan las palabras: llegan suaves, pero germinan fuertes.
Esto que lees no es un manual, ni un mapa fijo.
Es un espejo que refleja lo que ya está dentro de ti y que quizá habías olvidado.
Cada palabra es un recordatorio sutil de que puedes soltar lo que te limita y acercarte, paso a paso, a tus metas.
Y al hacerlo, no solo
transformas tu camino, sino que descubres que ya lo estabas recorriendo desde
hace mucho tiempo.

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